Si es tu aliento el dueño de mi boca,
y tu mirada dirige mis manos,
no son mías las palabras que te escribo.
Tú que todo lo inspiras,
llevas en tus pasos,
el ritmo de mis latidos,
cada vez que cierras los ojos
se apaga el cielo que miro.
Si eres el dueño
de mis noches y mis días
y llenas mi pensamiento
al llegar la oscuridad
cuando muere la tarde,
no son mías las palabras que te escribo.
Si eres la lluvia,
que me llueve por dentro,
que todo arrebata, que todo lo calma,
son tuyas las palabras que escribo
las dictas, diriges y entintas.