Para ver tus ojos niños
y reflejar en ellos los míos,
para abrazarte con más fuerza
y escribirte más letras incoherentes,
Y regreso para decirte
para escucharte, brindarte,
para protegerme,
y para quererte,
para vencerte y para rendirme,
para desvelarte e inquietarme
para mi, para mi tiempo,
para darme cuenta de que
pasan las horas, los días
y que el invierno llega
con gélidas tardes y noches tibias,
con bellas contradicciones,
que se afinan si tomas
mis manos con tus manos tibias,
y retomamos el camino, nuestro camino.